La Bahía de La Herradura, al igual que Coquimbo y el resto de la región, esconde un glorioso pasado lejano cargado de leyendas y mitos, un pasado cercano vinculado a la minería y sus inicios en el turismo y a un presente formado gracias al desarrollo de sus alrededores y variadas actividades, pero que ha sido condicionado en parte por la reducción de su antiguo encanto natural producto de la expansión urbana de la ciudad.

Si en el artículo anterior destacamos la tranquilidad de sus aguas y su conexión con la historia, en esta segunda parte veremos su rol en el pasado y cómo se interconecta con el presente.

Su pasado lejano: un lugar de desembarco y tesoros

Balneario turístico, lugar de residencia de visitantes y punto de descanso y atraque de naves, la bahía de La Herradura ha ofrecido una rada natural para protección y seguridad incluso desde antes de la llegada de los europeos a la zona. Pueblos como changos y diaguitas ya exploraban este lugar para la pesca, la recolección y la caza y el Imperio Inca aprovechó la vastedad de esta zona ricamente minera para el desarrollo de sus actividades durante el siglo XV.

Tras la llegada de los europeos en el siglo XVI, piratas y corsarios vieron en esta bahía una oportunidad de refugio y escondite tras atacar continuamente la ciudad cercana de La Serena por más de 200 años. Su peculiar forma en U, cuevas cercanas y la tranquilidad de sus aguas posibilitó un rápido desembarco, escape y abandono de tesoros de gran valor. Es aquí donde nace una de las leyendas más conocidas de Coquimbo, la leyenda del Tesoro de Guayacán que nos cuenta sobre un tesoro de incalculable valor escondido por Francis Drake en 1578 y que con los siglos aún no ha sido descubierto.

Este misticismo y pasión por encontrar este botín es lo que ha impregnado a la Bahía de La Herradura con el aura de lugar mágico y encantador.

Su pasado reciente: desarrollo económico y turismo

No podemos olvidar la evolución que ha vivido la bahía desde el siglo pasado. Hitos como el Plan Serena o la urbanización en altura (con sus detractores) han sido algunos de los acontecimientos que han dado forma al desarrollo actual del sector.

El Plan Serena fue el punto de partida

Concebido en el gobierno de Gabriel González Videla (1946-1952), implicó un cambio total en el aspecto de lo que era la bahía. Desde la construcción del emblemático Hotel El Bucanero (hoy Timber House Bucanero) o el mismo Club de Yates en 1951, pasando por la urbanización costera con cabañas y la construcción del actual Puerto Mecanizado de Guayacán en 1952, estos símbolos cambiaron la cara y la visión de una bahía que originalmente eran solo vegas y arenales.

Esta zona también fue el primer punto de inicio de la Carretera Panamericana hacia Santiago en 1952 y que experimentó igualmente un cambio importante en la década de 1990.

Las décadas de 1980, 1990 y 2000, marcadas por la onda playera y la llegada de turistas nacionales y extranjeros

Si hablamos de la playa de La Herradura, de seguro se nos vendrá a la mente los maravillosos veranos de antaño. Las décadas de 1980 y 1990 fueron el inicio del boom turístico que luego continuó en los 2000 y 2010, sobre todo con la llegada de turistas nacionales y especialmente argentinos que han cruzado desde su país hacia la zona durante enero y febrero.

Agradables temperaturas, aguas cálidas y tranquilas, deportes en la bahía y gente disfrutando del sol y de la playa: sinónimos de veranos inolvidables desde hace más de 4 décadas.

Su presente, con un gran desarrollo urbano (aunque cuestionable en altura) y de servicios cercanos

Desde la década del 2000, la Bahía de La Herradura tuvo un crecimiento nunca visto: la rápida expansión urbana cambió la fisionomía de la bahía y su entorno.

El crecimiento en altura (que ha dividido a sus habitantes por el cambio brusco de la visibilidad de antaño) se ha convertido en un símbolo de la modernidad y madurez que ha vivido la bahía a costa de la desaparición de enormes campos de dunas presentes incluso hasta inicios de la década pasada.

Pero no solo eso. El desarrollo de importantes comercios como supermercados, bencineras, restaurantes, hoteles y más han contribuido a darle el sello moderno a La Herradura. Su ubicación frente a barrios residenciales de larga data como Sindempart ha conformado un polo único entre la ciudad y la playa. La conectividad directa con la Ruta 5 Norte constituye una fuente de movimientos importantes desde y hacia el resto de la ciudad.

El componente cultural, artístico y gastronómico también está presente

Otro aspecto que también ha forjado el sello moderno de la bahía ha sido el cultural y el artístico. La Bahía de La Herradura ha vivido en los últimos años una verdadera revolución cultural de la mano de conciertos, ferias del libro, festivales gastronómicos, eventos deportivos y más frente al mar para contemplar los mejores atardeceres de la mano del espectáculo y la entretención.

El componente gastronómico también gana protagonismo al contar con una bahía que proporciona una gran variedad de productos del mar a locales y visitantes. ¡Nuestro Restaurant La Rocca es una de las grandes opciones para disfrutar de la mejor gastronomía marina con amigos o con la familia junto con una gran vista la bahía!

La Bahía de La Herradura es unión del pasado y el presente

La identidad de la Bahía de la Herradura se ha forjado gracias al resultado del pasado cargado por las leyendas piratas, un pasado reciente marcado por el desarrollo de su borde costero que le dio forma y a un presente que ha diversificado su atractivo natural y turístico para las nuevas generaciones.

¡Como Club de Yates La Herradura invitamos al público general y turistas nacionales y extranjeros a conocer y disfrutar cada rincón de la bahía para llevarse una gran experiencia!